Tarjeta de crédito junto a un presupuesto familiar y una compra sin abrir representando el uso responsable del crédito.

Tarjetas de crédito en México: cómo usarlas sin endeudarte (y el dato del pago mínimo que casi nadie te dice)

Tuve mi primera tarjeta de crédito a los 19 años.

No tardé demasiado en tener tres: una departamental y dos bancarias. Para cuando entendí realmente lo que estaba haciendo, las tres estaban prácticamente topadas y debía alrededor de $40,000 pesos.

Yo trabajaba en un centro de atención telefónica y no ganaba demasiado. El problema, sin embargo, no había empezado con mi sueldo. Había empezado mucho antes, cuando recibí una línea de crédito y nadie me explicó claramente qué significaba.

Veía:

Límite disponible: $10,000

y mi cabeza lo interpretaba casi como:

Tengo $10,000.

No los tenía.

Eran $10,000 que alguien estaba dispuesto a prestarme y que eventualmente tendría que devolver bajo las condiciones del contrato. Parece una diferencia obvia cuando la escribes así, pero cuando tienes 19 años, una tarjeta nueva y la posibilidad de comprar hoy algo que pagarás después, es increíblemente fácil olvidarla.

Salir de aquellos $40,000 tampoco fue cuestión de encontrar un truco. Tuve que entender los intereses, empezar a pagar más del mínimo, dejar de seguir creando saldos mientras intentaba reducir los anteriores y aprender a organizar mucho mejor lo que hacía con cada quincena.

En menos de un año conseguí salir de aquellas deudas.

Por eso hay algo que me gustaría que alguien me hubiera explicado antes de entregarme mi primera tarjeta:

una tarjeta de crédito puede ser una herramienta excelente, pero solamente cuando sabes exactamente qué deuda estás creando cada vez que la utilizas.

No necesitas tenerle miedo.

Necesitas entenderla.

El estado de cuenta es mucho más importante que el límite disponible

Si tuviera que enseñar a alguien a utilizar una tarjeta por primera vez, no empezaría hablando de puntos, cashback ni meses sin intereses.

Abriría el estado de cuenta.

Ahí aparecen cuatro conceptos que cambian prácticamente toda la relación con la tarjeta: fecha de corte, fecha límite de pago, pago mínimo y pago para no generar intereses.

La fecha de corte es el día en que la institución termina de registrar las operaciones de ese periodo y calcula el estado de cuenta. La fecha límite es el último día que tienes para realizar el pago correspondiente sin caer en atraso. CONDUSEF explica que normalmente existe un periodo entre ambas fechas y que una compra realizada justo después del corte puede darte hasta alrededor de 50 días para pagarla sin intereses, siempre que cumplas correctamente con el pago correspondiente.

Eso no significa que hayas conseguido 50 días de dinero gratis.

Imagina que tu corte es el día 5 y compras algo el día 6. Esa compra probablemente aparecerá hasta el siguiente corte, alrededor del 5 del próximo mes, y después tendrás el periodo correspondiente hasta la fecha límite.

Tuviste más tiempo para pagar.

La deuda sigue siendo exactamente tuya.

Y aquí aparece el número al que yo prestaría todavía más atención: el pago para no generar intereses.

CONDUSEF lo define como el importe que debes cubrir para liquidar los consumos correspondientes y evitar los intereses de financiamiento que aplicarían al saldo revolvente. También incorpora las parcialidades correspondientes cuando tienes promociones a meses sin intereses.

Ése es el número que yo intentaría pagar cada mes cuando utilizo la tarjeta normalmente.

No el saldo disponible.

No el mínimo.

El pago para no generar intereses.

Y haría una precisión que en muchos artículos se pierde: cubrirlo correctamente puede evitar los intereses de financiamiento de las compras aplicables, pero eso no convierte automáticamente una tarjeta en gratuita. Algunas tienen anualidad y pueden existir otras comisiones dependiendo del producto y de cómo la utilices. CONDUSEF mantiene comparativos de esos costos precisamente porque cambian bastante entre tarjetas.

El pago mínimo puede mantenerte al corriente y aun así mantenerte endeudado durante años

Ésta fue una de las cosas que más me impactó cuando empecé a entender mis propias deudas.

Cuando ves:

Pago mínimo: $1,250

puedes pensar:

“Perfecto. Mientras pague eso estoy haciendo lo correcto.”

Estás cumpliendo con la cantidad mínima necesaria para mantener la línea al corriente bajo las condiciones correspondientes.

Eso no significa que estés siguiendo una buena estrategia para terminar de pagarla.

CONDUSEF explica que el pago mínimo está pensado para evitar que el crédito caiga en incumplimiento, pero recurrir permanentemente a él prolonga la deuda y aumenta el costo de los intereses.

Y existe un ejemplo mexicano que muestra hasta qué punto puede ocurrir.

En un comparativo publicado por CONDUSEF y difundido a comienzos de 2026, se tomó como escenario una deuda de $80,000 pesos en productos representativos de tarjetas clásicas, bajo el supuesto de no realizar compras nuevas.

Los resultados variaron muchísimo entre bancos.

En uno de los escenarios, correspondiente a Afirme, el pago mínimo inicial era de $1,250 y mantener únicamente los mínimos habría implicado aproximadamente:

151 pagos

y:

$372,213.29 pesos pagados en total.

Es decir, más de doce años.

Ahora viene la parte realmente interesante.

La misma simulación añadió solamente:

$500 pesos más que el mínimo requerido cada mes.

El resultado para ese mismo producto cayó hasta aproximadamente:

74 pagos

y:

$233,831.81 pesos en total.

La diferencia entre ambos escenarios es cercana a:

$138,381 pesos.

Puedes revisar el comparativo directamente en el material de CONDUSEF sobre pagos mínimos. Comparativo de CONDUSEF sobre pago mínimo en tarjetas

Pero aquí hay algo que considero todavía más importante que la cifra espectacular.

No todas las tarjetas del ejercicio tuvieron ese resultado.

En el mismo comparativo, otras instituciones liquidaban los $80,000 en tiempos y costos radicalmente menores debido a sus distintas reglas, tasas y pagos mínimos.

Por eso no diría:

“Una deuda de $80,000 se convierte en $372,000.”

Diría:

“Una deuda de $80,000 puede llegar a tener consecuencias extremadamente diferentes dependiendo de la tarjeta y de cómo la pagues; en uno de los escenarios reales de CONDUSEF, pagar únicamente el mínimo elevó el desembolso total por encima de $372,000.”

Esa versión es menos sensacionalista.

Y mucho más útil.

Además, CONDUSEF tiene una herramienta donde puedes introducir datos de tu propia tarjeta en lugar de depender de ejemplos ajenos. Calculadora de Pagos Mínimos de CONDUSEF

Yo haría esa prueba aunque actualmente no tengas problemas para pagar.

Ver el costo de una deuda antes de tenerla puede ser mucho más educativo que descubrirlo después.

El CAT sirve para comparar tarjetas, pero no es una calificación de “buena” o “mala”

Otro concepto que yo veía en la publicidad sin entender era:

CAT 72.4%

o:

CAT 48.9%

y no sabía si eso era muchísimo, poquito o qué hacía realmente con esa información.

CAT significa Costo Anual Total.

Banco de México lo define como una medida estandarizada que intenta reunir en una sola cifra los costos y gastos relevantes del financiamiento para que podamos comparar créditos. Puede considerar elementos como tasa de interés, comisiones y seguros obligatorios, entre otros componentes previstos en la metodología. Para efectos del CAT, el IVA aplicable se excluye del cálculo.

Esto corrige una confusión bastante común.

El CAT no es simplemente la tasa de interés.

Dos tarjetas pueden tener tasas parecidas y terminar mostrando CAT distintos porque una cobra anualidad u otros costos diferentes.

Pero tampoco utilizaría una tabla diciendo:

“Menos de 40% es bueno.”

“Más de 60% es malo.”

No existe una frontera universal que funcione para todas las tarjetas y todos los tipos de crédito.

Lo que sí haría es comparar productos semejantes.

Si estás considerando tres tarjetas clásicas, mira sus CAT bajo condiciones comparables, anualidades, tasas, comisiones y beneficios que realmente utilizarás. Banco de México mantiene una herramienta específica para calcular y comparar el CAT de tarjetas de crédito. Calculadora de CAT para tarjetas de crédito de Banco de México

Y hay algo curioso: si eres una persona que habitualmente cubre el pago para no generar intereses, quizá la tasa de financiamiento tenga menos importancia práctica en tu uso cotidiano que otros elementos como la anualidad.

Eso no significa que puedas ignorar el CAT.

Significa que la tarjeta correcta también depende de cómo la vas a utilizar.

Una tarjeta cargada de beneficios que nunca aprovechas y con una anualidad elevada puede terminar siendo peor para ti que otra mucho más sencilla.

La pregunta que cambió mi forma de comprar con tarjeta

Con el tiempo empecé a hacerme una pregunta antes de utilizarla:

“Si hoy tuviera que pagar esto con el dinero que ya tengo, ¿podría hacerlo?”

Me sirvió muchísimo.

Si quería comprar algo de $1,800 y tenía perfectamente claro de dónde saldrían esos $1,800 cuando llegara el estado de cuenta, podía utilizar la tarjeta como medio de pago, aprovechar los beneficios que realmente tuviera y después cubrir la deuda.

Si la respuesta era:

“Solo podría pagarlo si el próximo mes me va bien”,

entonces ya no estaba utilizando únicamente un medio de pago.

Estaba financiando mi vida futura.

Eso no significa que nunca puedas comprar algo que no pagarías completamente hoy. Precisamente existen créditos y meses sin intereses para distribuir ciertos gastos.

Pero ahí cambiaría la pregunta:

“¿Esta mensualidad ya cabe cómodamente en mi presupuesto durante todo el plazo?”

Imagina una compra de $12,000 a doce meses sin intereses.

La mensualidad es:

$1,000 pesos.

No preguntaría únicamente:

“¿Puedo pagar mil este mes?”

Preguntaría:

“¿Puedo pagar mil todos los meses durante un año aunque aparezcan otras compras y gastos?”

Porque los MSI tienen una característica que puede engañarnos: cada mensualidad parece pequeña por separado.

Cinco compras pequeñas a meses pueden convertirse en una mensualidad enorme cuando se juntan.

Y ese compromiso ya existe aunque tu aplicación siga mostrando crédito disponible.

Hay varias reglas sencillas que sí mantendría, pero entendiendo por qué existen

Una de ellas es cuidar cuánto de tu línea estás utilizando.

Buró de Crédito recomienda no utilizar más de 30% de las líneas de crédito como una práctica para cuidar el nivel de endeudamiento dentro de su orientación sobre Mi Score.

Si tu límite es:

$20,000

30% serían:

$6,000.

Yo tomaría ese porcentaje como una referencia prudencial, no como una ley matemática que garantiza determinada puntuación.

Tu historial depende de múltiples factores y utilizar 31% no significa que al día siguiente tu score vaya a desplomarse automáticamente.

La idea útil detrás del consejo es evitar vivir constantemente pegado al límite.

Porque además del efecto que pueda tener sobre la evaluación crediticia, una línea casi saturada deja poco espacio si aparece un gasto realmente necesario.

También evitaría utilizar la tarjeta de crédito para sacar efectivo salvo que entienda perfectamente el costo y no exista una alternativa razonable. CONDUSEF señala que las disposiciones de efectivo pueden generar una comisión adicional, además de los intereses derivados de utilizar la línea de crédito.

No asumiría una comisión fija porque depende del producto.

La revisaría en el contrato antes de necesitarla.

Y una vez al mes dedicaría diez minutos a revisar el estado de cuenta completo, no únicamente la cantidad a pagar. Buscaría cargos duplicados, compras que no reconozco, comisiones, mensualidades a MSI y cualquier gasto recurrente que haya olvidado.

Una tarjeta se vuelve mucho más peligrosa cuando dejamos de revisar lo que hace porque “todo se cobra automático”.

Si ya estás pagando solo el mínimo, el objetivo cambia

Hay una diferencia enorme entre leer este artículo porque vas a contratar tu primera tarjeta y leerlo porque ya tienes tres saldos que no consigues bajar.

Si actualmente puedes cubrir el pago para no generar intereses, mi objetivo sería ayudarte a conservar esa posición.

Si ya estás financiando saldos, empezaría por detener nuevas compras no esenciales y averiguar exactamente cuánto cuesta cada deuda.

Y si tienes varias, puedes utilizar una estrategia para concentrar los pagos adicionales. En nuestra guía sobre cómo salir de deudas con el método bola de nieve y avalancha explicamos ambos métodos con un ejemplo en pesos y mostramos por qué uno puede ahorrar más intereses mientras el otro puede ofrecer victorias más rápidas.

Si en cambio ya llegaste al punto en el que ni siquiera puedes cubrir todos los pagos requeridos, ése es un problema distinto. En ese caso empezaría con qué hacer cuando ya no puedes pagar tus deudas, porque elegir el orden perfecto de las tarjetas no arregla un presupuesto donde falta dinero todos los meses.

Y si estás evaluando reemplazar varios créditos por uno solo, nuestra guía de consolidación de deudas explica cómo comparar la mensualidad nueva con el plazo y el costo total antes de firmar.

Cada una de esas situaciones necesita una herramienta diferente.

Lo que no haría es seguir pagando únicamente el mínimo durante años sin saber cuánto me está costando.

Lo que habría querido saber a los 19 años

No necesitaba que alguien me dijera:

“Las tarjetas son malas.”

No lo son.

Tampoco necesitaba que me dijeran que tener muchas tarjetas era automáticamente señal de éxito financiero.

Lo que necesitaba era entender una cosa muchísimo más simple:

cada vez que utilizo una tarjeta estoy creando una obligación futura.

Si esa obligación ya tiene dinero reservado para pagarla, la tarjeta puede ser simplemente una herramienta.

Si depende de que el próximo sueldo alcance, ya estoy tomando riesgo.

Si necesito otro crédito para cubrirla, el problema está creciendo.

Y si pago únicamente el mínimo durante meses pensando que con eso estoy “pagando mi tarjeta”, puedo terminar destinando una cantidad enorme a intereses y mantener el saldo durante años.

Hoy puedo utilizar una tarjeta de una manera completamente distinta a como la utilizaba a los 19.

Sé cuándo corta.

Sé cuándo tengo que pagar.

Reviso cuánto necesito cubrir para no generar intereses.

Sé qué mensualidades ya tengo comprometidas.

Y antes de comprar intento preguntarme si la operación sigue teniendo sentido aunque la aplicación me diga que todavía tengo crédito disponible.

Eso último es probablemente lo más importante.

Tener crédito disponible no significa tener dinero disponible.

Tu límite puede ser $100,000.

Eso no significa que puedas permitirte gastar $100,000.

La cantidad que realmente puedes utilizar responsablemente depende de cuánto podrás pagar después sin sacrificar renta, comida, ahorro, otras obligaciones o tu tranquilidad.

Cuando entiendes esa diferencia, la tarjeta deja de sentirse como dinero extra.

Y empieza a funcionar como lo que siempre fue:

una herramienta para manejar crédito.

Bien utilizada puede ayudarte a construir historial, organizar pagos y acceder a beneficios específicos del producto.

Mal utilizada puede convertir una compra de hoy en una obligación que siga consumiendo tu sueldo durante años.

Yo aprendí esa diferencia pagando alrededor de $40,000 de deuda.

Ojalá tú puedas aprenderla leyendo un estado de cuenta antes de tener que vivirla.


Este contenido tiene fines educativos e informativos y no constituye asesoría financiera personalizada. Las cifras de pago mínimo utilizadas corresponden a ejercicios específicos de CONDUSEF y no representan el resultado de todas las tarjetas de crédito. Las tasas, CAT, anualidades, comisiones, límites, beneficios y condiciones varían entre productos y pueden cambiar. Revisa siempre tu contrato y estado de cuenta y compara la información vigente antes de contratar o utilizar una tarjeta.

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