Cómo empezar a ahorrar desde cero en México: un método que sí funciona para principiantes
Te voy a ser honesta: hubo una época en la que decirme “deberías ahorrar” no me servía absolutamente de nada.
¿Ahorrar con qué?
Gran parte de mi dinero se iba en pagar deudas y había meses en los que, después de cubrir todo, simplemente no quedaba nada. Así que cuando escuchaba consejos como “guarda el 20% de tu sueldo” o “págate primero”, lo único que pensaba era que esas recomendaciones probablemente estaban hechas para alguien que tenía dinero de sobra.
Mi situación empezó a cambiar cuando logré salir de mis deudas. Por primera vez se liberó una parte de mi ingreso y pude decidir qué hacer con ella en lugar de verla desaparecer automáticamente en pagos. No me volví una gran ahorradora de un día para otro. Empecé con cantidades pequeñas, cambié de trabajo cuando tuve una mejor oportunidad, fui aprendiendo sobre negocios digitales y, conforme mis ingresos mejoraron, también aumentó mi capacidad de ahorrar e invertir.
Pero hubo un cambio todavía más importante que ganar más dinero: dejé de esperar a que sobrara.
Eso fue lo que realmente transformó mi relación con el ahorro.
Me acuerdo de la primera vez que vi una cantidad guardada que ya no tenía destinada a pagar una deuda ni a cubrir algo urgente. No era una fortuna. Lo que me hizo sentir orgullosa fue saber que ese dinero seguía ahí porque yo había conseguido conservarlo.
Por eso, si hoy tienes $0 ahorrados, no quiero empezar diciéndote que necesitas juntar tres o seis meses de gastos. Puede ser una meta muy buena más adelante, pero cuando partes de cero una cifra así se siente enorme.
Primero necesitamos demostrar algo mucho más sencillo:
que puedes pasar de $0 a tu primer pequeño colchón.
Tu primera meta no tiene que ser enorme
Supongamos que tus gastos esenciales son de $12,000 al mes. Si alguien te dice que deberías tener seis meses de gastos ahorrados, estaríamos hablando de $72,000.
Quizá algún día llegues ahí.
Pero si hoy tienes $0, mirar directamente los $72,000 puede hacer que ni siquiera empieces.
Yo pondría una primera meta de:
$1,000 pesos.
Esos $1,000 no son todavía un fondo de emergencia completo y no van a resolver una pérdida de empleo. Pero pueden empezar a protegerte de pequeños imprevistos: una medicina, parte de una reparación, un traslado inesperado o un gasto que de otra forma acabaría inmediatamente en la tarjeta de crédito.
Además, tienen otra función que para mí es igual de importante: demostrarte que sí eres capaz de conservar dinero.
Después de $1,000 construimos lo demás.
El error que intentaría evitar es convertir esta primera meta en otra obligación imposible. No necesitas ahorrar el 10%, 20% o cualquier porcentaje determinado porque una regla de internet lo diga. Primero necesitas descubrir cuál es la cantidad que realmente puedes separar y dejar quieta.
Para una persona pueden ser $500 por quincena. Para otra, $100. Para alguien que está muy ajustado quizá sean $50 por semana.
Todas sirven para empezar.
| Si puedes guardar… | Llegarías a $1,000 aproximadamente en… |
|---|---|
| $50 por semana | 20 semanas |
| $100 por semana | 10 semanas |
| $125 por semana | 8 semanas |
| $250 por quincena | 2 meses |
| $500 por quincena | 1 mes |
No me preocupa demasiado si tardas un mes o cinco.
Me preocupa más que el sistema sea suficientemente realista para que no tengas que sacar el dinero tres días después de haberlo guardado.
Antes de recortar gastos, averigua si realmente existe margen
Aquí quiero ser especialmente cuidadosa porque durante mucho tiempo los consejos sobre ahorro se han reducido a cosas como “deja de comprar café” o “cancela Netflix”.
A veces sí existen gastos que podemos ajustar.
Pero otras veces el problema es mucho más sencillo y mucho más difícil: el ingreso realmente no alcanza para cubrir lo básico y además ahorrar.
Por eso, durante una semana haría un ejercicio bastante concreto. No para castigarte por cada peso, sino para entender a dónde está yendo.
Separaría mentalmente los gastos en tres grupos.
El primero contiene lo que necesitas: vivienda, comida básica, transporte, servicios, medicamentos, pagos obligatorios y lo que sea esencial en tu situación.
El segundo contiene gastos que quizá puedas modificar sin eliminarlos por completo. Tal vez algunas comidas fuera, una suscripción que utilizas poco, compras de supermercado que terminan desperdiciándose o transporte que en algunas ocasiones podrías resolver de otra forma.
Y el tercero es el más interesante: dinero que gastaste y después ni siquiera sentiste que hubiera valido la pena.
Una compra impulsiva que quedó arrumbada. Una aplicación que olvidaste cancelar. Algo que compraste únicamente porque estaba en promoción. Comida que acabó en la basura.
No estoy diciendo que salir con amigos, comprar algo que te gusta o darte un gusto sea un error. Ahorrar no debería convertir tu vida en un castigo.
La pregunta es otra:
¿hay dinero que salió y que ni siquiera mejoró mi vida?
Ahí puede aparecer una parte del primer ahorro.
Si quieres trabajar específicamente esa parte del presupuesto, ya tenemos una guía distinta sobre cómo ahorrar $500 pesos al mes sin sentir que tienes que dejar de vivir. No quiero repetirla aquí porque nuestro problema en este artículo es anterior: encontrar el primer margen cuando todavía partes de cero.
¿Y si haces las cuentas y de verdad no sobra nada?
Entonces no voy a decirte que “solo necesitas más disciplina”.
Imagina que ingresas $10,000 al mes y tus gastos realmente necesarios más las obligaciones que no puedes evitar suman $10,300.
No tienes un problema de ahorro.
Tienes un déficit de $300.
Intentar obligarte a guardar $500 solo hará que vuelvas a retirar esos $500 o que termines pagando otra cosa con deuda.
En una situación así, el primer objetivo es cerrar la diferencia. Dependiendo de tu realidad, podría significar revisar algún gasto que todavía tenga margen, renegociar un servicio, reorganizar deudas, utilizar parte de un ingreso extraordinario, vender cosas que ya no utilizas o buscar formas de aumentar ingresos cuando sea posible.
Ninguna de esas soluciones es instantánea y no todas están disponibles para todas las personas.
Pero reconocer el problema correcto ya es un avance.
No puedes recortar para siempre un presupuesto que ya está en los huesos.
Hay momentos en los que el siguiente paso financiero más importante no es gastar menos, sino buscar una manera de ganar más.
El método tiene que sobrevivir a los meses malos
El reto de las 52 semanas es conocido precisamente porque convierte el ahorro en algo progresivo. Empiezas guardando $10 la primera semana, $20 la segunda, $30 la tercera y continúas aumentando $10 cada semana. Si completas las 52 semanas, habrás acumulado $13,780 pesos.
La CONDUSEF ha difundido este tipo de reto como una herramienta para fomentar el hábito del ahorro.
Me gusta la idea, pero no creo que todo el mundo deba seguirla literalmente.
La razón aparece cuando miramos el final.
Durante las últimas cuatro semanas tendrías que guardar:
$490, $500, $510 y $520.
En total:
$2,020 pesos en cuatro semanas.
Para alguien que comenzó el reto precisamente porque tiene un presupuesto muy ajustado, esa última parte puede ser mucho más difícil que el comienzo.
Y si justo coincide con un mes complicado, puedes acabar pensando que “fallaste”.
Yo prefiero adaptarlo.
Puedes utilizar las cantidades del reto sin seguirlas necesariamente en orden. Durante una semana en la que tengas más margen eliges uno de los importes grandes; en una semana difícil completas uno pequeño.
O puedes ignorar completamente el reto y escoger una cantidad fija.
$50 semanales.
$100 cada quincena.
$300 cada día de pago.
Lo que realmente importa no es cumplir una dinámica bonita.
Lo que importa es construir un sistema que sobreviva también cuando tu mes no sale perfecto.
Aprovecha el dinero que aparece y el que deja de salir
Hay dos momentos en los que resulta mucho más fácil aumentar el ahorro sin sentir que estás recortando tu vida.
El primero es cuando llega dinero que no formaba parte de tu ingreso normal.
Puede ser un bono, aguinaldo, una venta, una devolución, un trabajo extra o cualquier ingreso inesperado.
No necesitas guardar todo.
Supongamos que recibes $2,000 que no esperabas. Puedes decidir de antemano que $500 irán al ahorro y los otros $1,500 tendrán otro destino.
La clave está en decidirlo antes de que el dinero llegue, porque una vez que aparece en la cuenta es increíble la cantidad de cosas que de pronto parecen indispensables.
El segundo momento fue especialmente importante para mí: cuando termina una deuda.
Imagina que llevabas meses pagando $800.
Finalmente haces el último pago.
Desde el siguiente mes tienes $800 que antes ya estaban comprometidos.
Lo más fácil es absorberlos automáticamente dentro de los gastos y no volver a pensar en ellos.
Pero podrías tomar otra decisión.
Por ejemplo, dejar $400 disponibles para mejorar tu vida y transformar los otros $400 en ahorro automático.
Eso serían:
$4,800 pesos al año
sin tener que “buscar” otros $400 dentro de tu presupuesto actual.
El dinero ya estaba saliendo de tu cuenta. Solo cambiaste el destino.
Por eso organizar las deudas y construir ahorro no son dos problemas completamente separados. Muchas veces uno abre espacio para el otro.
Separa físicamente el dinero que ya decidiste proteger
Hay una diferencia enorme entre saber que tienes $1,000 ahorrados y ver esos mismos $1,000 mezclados con el dinero para pagar la despensa.
Supongamos que tu cuenta muestra:
$5,300 pesos.
Mentalmente tú sabes que:
$1,000 son ahorro;
$2,000 son para renta;
$1,500 son para comida;
y el resto está disponible.
El problema es que la aplicación solamente muestra:
$5,300.
Y después de unos días puedes empezar a negociar contigo misma:
“Solo voy a utilizar $200 y después los repongo.”
A veces los reponemos.
Muchas veces no.
Por eso me parece más sencillo separar el ahorro en otra cuenta o en un apartado específico dentro de una institución financiera.
No se trata de que seas incapaz de controlar tu dinero.
Se trata de hacer que el sistema necesite menos fuerza de voluntad.
Además, estar empezando desde cero es muchísimo más común de lo que parece. La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024 reportó que una parte importante de la población adulta no tenía ahorro ni formal ni informal, mientras que otras personas utilizaban mecanismos informales para guardar dinero.
Es decir, construir este hábito no es una tarea que solamente necesite una minoría.
Tus primeros $1,000 no necesitan convertirse inmediatamente en una inversión
Ésta es una cosa que ahora haría diferente.
Cuando empiezas a aprender sobre finanzas puedes sentir que tener dinero en una cuenta es desperdiciarlo.
“Debería estar generando rendimiento.”
Sí, llegará el momento de hablar de rendimiento.
Pero si esos $1,000 son literalmente todo el dinero disponible entre tú y un imprevisto, su trabajo principal no es producir unas decenas de pesos.
Su trabajo es:
estar disponibles.
Un ahorro para emergencias y una inversión para largo plazo pueden necesitar características completamente diferentes.
Cuando empieces a acumular más dinero y una parte ya no sea necesaria para gastos inmediatos, entonces sí tendrá sentido decidir qué cantidad conservar líquida y qué cantidad puede asumir otra función. En ese punto te puede servir nuestra guía sobre cuándo ahorrar y cuándo empezar a invertir.
Y si más adelante quieres entender una alternativa gubernamental de inversión, tenemos otra guía específica sobre cómo invertir en CETES en México.
Pero yo no correría hacia ahí con los primeros pesos simplemente por sentir que “ya estoy invirtiendo”.
Primero construyes estabilidad.
Después buscas crecimiento.
¿Qué pasa después de llegar a $1,000?
Aquí dejaría de pensar en una única meta enorme y construiría escalones.
Después de tus primeros $1,000, el siguiente objetivo podría ser tener una semana de gastos esenciales.
Si necesitas aproximadamente $3,000 para cubrir una semana normal de vivienda proporcional, comida, transporte y demás necesidades básicas, intenta llegar ahí.
Después podrías buscar un mes de gastos esenciales.
Y posteriormente ampliar el colchón de acuerdo con tu propia vida.
Una persona con un empleo muy estable, seguro y dos ingresos en casa no enfrenta exactamente el mismo riesgo que alguien que trabaja por su cuenta, tiene ingresos irregulares y además sostiene económicamente a otras personas.
Por eso no creo que exista un número perfecto que todos debamos copiar.
La cantidad que necesitas ahorrar depende también de qué tan vulnerable sería tu economía si los ingresos se detuvieran mañana.
Cuando tu sueldo crezca, intenta que tu capacidad de ahorro crezca un poco también
Esta fue una parte importante de mi propio camino.
Con el tiempo tuve la oportunidad de cambiar de empleo y mejorar mis ingresos.
Obviamente, ganar más dinero permitió que algunas cosas de mi vida también mejoraran.
Y creo que está bien.
No tendría sentido decir que si ganas más debes seguir viviendo eternamente exactamente igual solo para guardar cada peso.
Pero sí existe una oportunidad enorme en el momento de un aumento.
Supongamos que pasas de ganar:
$12,000 al mes
a:
$15,000.
Tienes $3,000 adicionales.
Si automáticamente aumentas tus gastos en esos mismos $3,000, tu capacidad de ahorro permanece exactamente igual.
En cambio, podrías decidir que parte de la mejora se quede en tu vida y otra parte vaya a construir patrimonio.
Quizá gastas $1,500 más y guardas otros $1,500.
No existe una proporción obligatoria.
Lo importante es evitar que cada aumento de ingresos desaparezca antes de mejorar también tu situación financiera.
Con el tiempo, esto puede tener un impacto mucho mayor que vivir toda la vida tratando de ahorrar veinte pesos en cada compra.
Ahorrar tampoco significa sentir culpa cada vez que gastas
Esto quiero dejarlo especialmente claro porque durante mucho tiempo confundimos administrar bien el dinero con restringir absolutamente todo.
Puedes ahorrar y salir a comer.
Puedes ahorrar y viajar.
Puedes ahorrar y comprar algo que te gusta.
La diferencia es hacerlo con dinero que realmente está disponible después de cubrir lo importante, no con el dinero que habías reservado para una obligación.
Cuando el ahorro ocurre primero y está separado, el resto del dinero puede disfrutarse con mucha menos culpa.
Y eso hace el sistema mucho más sostenible.
Porque una estrategia financiera que te hace sentir miserable durante tres meses probablemente no sobreviva diez años.
Si un mes necesitas utilizar el ahorro, no significa que hayas vuelto a fracasar
Imagina que logras llegar a:
$3,000 pesos.
Se descompone algo indispensable y tienes que utilizar $1,400.
Ahora quedan $1,600.
Es muy fácil mirar el saldo y pensar:
“Todo lo que avancé se perdió.”
Pero compara esa situación con la alternativa.
Sin ahorro quizá habrías tenido que pedir prestados esos $1,400 o cargarlos a una tarjeta.
El ahorro hizo exactamente aquello para lo que estaba construido.
Después toca reconstruirlo.
Un fondo que nunca utilizas no es automáticamente mejor que uno que te protegió cuando ocurrió una emergencia real.
Y tampoco necesitas castigarte porque una semana o un mes no pudiste aportar.
Los hábitos financieros no necesitan una racha perfecta.
Necesitan poder continuar después de una interrupción.
Si hoy estás en cero, esto es todo lo que haría
No necesitas una hoja de cálculo con 30 categorías.
Toma una hoja cualquiera y escribe:
Tengo ahorrado hoy: $________
Mi primera meta: $1,000
Puedo separar de forma realista cada semana o quincena: $________
Lo voy a separar el día: __________
Lo voy a guardar en: __________
Un gasto que revisaré esta semana: __________
Dinero que se liberará cuando termine una deuda o compromiso: $________
Mi siguiente meta después de $1,000 será: $________
Eso basta para empezar.
El plan no necesita parecer sofisticado.
Necesita decirte qué hacer la próxima vez que recibas dinero.
Lo que realmente cambió mi forma de ahorrar
Durante mucho tiempo pensé que mi problema era que no tenía suficiente fuerza de voluntad.
Después entendí que mi situación era más compleja.
Tenía deudas.
Mi margen era muy pequeño.
Necesitaba organizarme mejor.
Y, con el tiempo, también necesitaba aumentar mis ingresos.
Salir de las deudas me permitió liberar dinero. Ganar más amplió las posibilidades. Aprender sobre finanzas me ayudó a decidir mejor qué hacer con ese dinero.
Pero el ahorro empezó antes de que todo fuera perfecto.
Empezó cuando dejé de pensar:
“Ahorraré cuando me sobre.”
y empecé a pensar:
“¿Cuál es la cantidad más pequeña que puedo proteger ahora?”
Para ti pueden ser $20.
Para otra persona, $200.
Y si después de hacer las cuentas este mes son realmente $0, entonces tu primer paso todavía no es transferir dinero a una cuenta de ahorro.
Tu primer paso es encontrar dónde crear margen sin dejar de cubrir lo esencial.
Eso también forma parte del proceso.
Porque empezar desde cero no significa fingir que todos tenemos dinero disponible.
Significa comenzar desde la situación que realmente tienes.
Primero $50.
Después $200.
Luego $1,000.
Más adelante una semana de gastos.
Después quizá un mes.
Hasta que un día miras tu dinero y te das cuenta de algo que antes parecía lejano:
ya no estás empezando desde cero.
Este contenido tiene fines educativos e informativos y no constituye asesoría financiera personalizada. Las cantidades utilizadas son ejemplos y deben adaptarse a tus ingresos, gastos, obligaciones y necesidades. Si tus ingresos no son suficientes para cubrir gastos esenciales o atraviesas una situación de sobreendeudamiento, el problema puede requerir una estrategia distinta a simplemente reducir gastos o aumentar el ahorro.



